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La complejidad es el costo que tu contabilidad no registra

Una cola larga de productos puede parecer rentable en el estado de resultados y, al mismo tiempo, destruir margen.

  • Rentabilidad
  • 3 min de lectura
  • Septiembre 2026

Pregunta cuánto cuesta producir cada producto y probablemente recibirás una cifra. Pregunta cuánto cuesta tener trescientas referencias en lugar de ciento veinte y la respuesta será mucho menos clara. Ese costo no vive en una sola cuenta contable, pero puede consumir margen, capital de trabajo y tiempo directivo.

Línea iluminada de pocos productos que se ramifica en una red densa de cientos de referencias, representando la complejidad del portafolio

Por qué el costo permanece oculto

El costeo tradicional distribuye los gastos indirectos con bases de volumen, como horas máquina, horas hombre o unidades producidas. El método funciona razonablemente bien en operaciones simples, pero puede distorsionar la realidad cuando existe una cola larga de productos de bajo volumen.

Las referencias de mayor volumen suelen absorber más gasto indirecto porque concentran la base de reparto. Sin embargo, las de menor rotación pueden generar cambios de formato, lotes pequeños, inventarios de seguridad, obsolescencia y errores de pronóstico. El resultado es paradójico: los productos principales terminan subsidiando parte de la complejidad del portafolio, mientras el sistema de costos muestra que casi todo parece rentable.

Dónde aparece el costo real

En la planta. Cada cambio de producto consume tiempo, material de arranque y supervisión. Más referencias fragmentan los lotes y reducen la capacidad disponible.

En el inventario. Cada presentación adicional exige decisiones de reposición y puede elevar las existencias de seguridad y la obsolescencia.

En el pronóstico. Las referencias de baja rotación tienen menos historia y mayor variabilidad. El error se paga tanto en faltantes de lo que sí se vende como en excedentes de lo que no.

En la atención directiva. Cada producto, cliente marginal o canal secundario exige decisiones y seguimiento. La dirección reparte su capacidad entre todo lo que existe, aunque no todo contribuya de la misma manera al resultado.

Por qué la complejidad crece

Cada nueva variante suele tener una razón defendible: un cliente importante pide una presentación especial, Comercial identifica un segmento o un canal exige otro empaque. El problema es que cada decisión se evalúa de forma aislada y rara vez incorpora su costo acumulado sobre toda la operación.

Eliminar referencias también es políticamente más difícil que agregarlas. Siempre existe un área que las defiende o un cliente que todavía las compra. Por eso la complejidad aumenta poco a poco, incluso en empresas bien administradas.

Cómo medirla sin rediseñar todo el sistema de costos

Empieza con un ejercicio acotado. Ordena las referencias por ventas acumuladas, identifica la cola que aporta una proporción pequeña del ingreso y calcula tres variables: cambios de formato, inventario promedio e incidencias de servicio. Después incorpora margen y relevancia estratégica para evitar decisiones automáticas basadas sólo en volumen.

El análisis suele revelar oportunidades que pueden ejecutarse en meses: consolidar presentaciones, elevar mínimos de compra, ajustar precios, cambiar políticas de inventario o retirar productos que destruyen valor.

Reducir complejidad puede liberar capacidad instalada, capital de trabajo y atención directiva sin aumentar la estructura.

La dificultad no suele estar en medir el problema. Está en reunir la evidencia suficiente para que la dirección decida qué dejar de hacer.

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